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“Gracias a Aldeas pudimos ser niños, jugar, crear nuevos lazos afectivos...”

Aynoa (25 años)

Soy una joven que en tiempos pasados y por diferentes factores familiares, se determinó que me encontraba en situación de vulnerabilidad y riesgo, al igual que mis hermanos, por lo que pasamos al Sistema de Protección. En un primer momento entramos en un Centro de Acogida Inmediata (CAI) en Ofra (Santa Cruz de Tenerife). Allí solo estuvimos unos meses, mientras valoraban nuestro caso para luego derivarnos a Aldeas Infantiles SOS. Yo llegué allí con 11 años y gracias a Aldeas pudimos ser niños, jugar, crear nuevos lazos afectivos, adquirir valores y diversas estrategias y habilidades para enfrentarnos a los diferentes desafíos que podríamos encontrarnos a medida que íbamos creciendo.

 

En ese entonces era una niña muy introvertida, con baja autoestima, insegura, poco afectiva, irascible, impulsiva, enérgica, sobreprotectora con mis hermanos, sobre todo con el más pequeño, y siempre estaba a la defensiva. Me llamaban la “fosforito”.

 

Esa forma de ser, mi coraza y mis miedos, dificultaba que pudiera expresar mis sentimientos y desahogarme con personas cuyo principal objetivo era asegurar mi bienestar. Era una chica un tanto hermética.

“Hay algo fundamental en la educación que nos dan, y que a mí me ha servido mucho”

No obstante, la naturaleza era un espacio muy especial para mí porque tenía un efecto “analgésico” que tranquilizaba todas esas voces, inquietudes y miedos que revoloteaban en mi interior. Era un entorno que reconectaba conmigo de forma innata, como si formara parte de mi ser. Un espacio en el que podía ser yo, lejos de prejuicios y expectativas.

 

Si bien era consciente de que tenía que trabajar muchas cosas a nivel personal como la aceptación de la realidad familiar, sanar heridas, la gestión de emociones, delegar responsabilidades adquiridas debido a las circunstancias, controlar mi carácter… y mi forma de ser. Poder recurrir al espacio natural que la Aldea me ofrecía, me ayudaba a relajarme, a ordenar mis pensamientos y recuperar la serenidad en aquellas situaciones en las que las emociones me invadían. A conectar y escucharme. Y a iniciar ese proceso de sanación respetando mis tiempos.

 

Actualmente, cuando el pasado vuelve a tocar la puerta, cuando la realidad me pesa, cuando necesito oxigenar y recordar quien soy, cuando necesito reflexionar y ordenar mis pensamientos y emociones, el medio natural sigue siendo mi refugio.

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“Es vital que las personas sean conscientes de la importancia de preservar el medio ambiente”

Finalmente, con mi experiencia, entiendo que el medio natural puede ser un recurso terapéutico para trabajar con las personas pues, favorece su desarrollo integral. Y, además, considero que el ser humano forma parte de un ecosistema compuesto por otros seres, elementos y recursos naturales y cuya interacción entre ellos hacen posible la vida. Por eso, es vital que las personas sean conscientes de la importancia de preservar el medio ambiente y la existencia de otros seres, ya que cualquier alteración en dicho ecosistema podría provocar consecuencias negativas tales como daño en nuestra salud tanto física como psicológica, el agotamiento de los recursos, guerras, pérdida de la biodiversidad, cambio climático, deforestación… y ya no sólo en el presente sino en las generaciones futuras.

Por todo ello, mi formación ha ido enfocada hacia la rama socio-educativa. Siendo en la actualidad, graduada en Pedagogía y trabajadora en Aldeas Infantiles SOS de Tenerife como la responsable del Voluntariado Juvenil y componente del equipo IAC (Intervenciones Asistidas Con Caballos) en la Ecogranja.

 

Aynoa (25 años)
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